Comienzan las clases para mi hij@ con Autismo
Cuando llega el momento de elegir una escuela para nuestros hijos, partimos de la creencia de que las escuelas estarán más o menos preparadas para atenderlos y diseñar un plan educativo para ellos. Conocemos a nuestros hijos y sabemos que tendrán dificultades, por lo que esperamos que las prácticas se ajusten a medida que los docentes los conozcan mejor.
Sabemos que puede ser difícil para los otros compañeros aceptar a nuestros hijos, pero confiamos en que todo se irá resolviendo, ya que nuestros hijos están creciendo con necesidades específicas, están siendo acompañados, y se está trabajando para su inclusión.
Partimos con mucha fortaleza emocional y nos convencemos de que el autismo es una condición que debe ser comprendida, aceptada e incluida por todos. En conclusión, todos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de autismo, pues alguna vez hemos escuchado, o tenemos a alguna persona con autismo en el nucle o familiar, social, etc.
Nos encontramos con directores que nos dan la bienvenida y docentes que nos reciben con alegría, pero podemos ver que tienen una sonrisa que refleja algo de temor, o preocupación. Es que saben que estarán solos con sus 25 niños y niñas a cargo, incluyendo a aquellos que necesitan mayor atención, y que las ayudas pueden ser pocas o nulas.
Y ellos se preguntan: ¿Cómo hago para crear prácticas específicas para todos? ¿Cómo hago, si además hay niños hiperactivos, con autismo, etc? Saben que hay apoyos, pero muy pocos, y se sienten abrumados, y el ciclo lectivo recién empieza.
Después de unos pocos días, la comunicación entre el alumno o alumna con autismo y los docentes se vuelve cada vez peor, ya que llevará muchas semanas incorporar un sistema de comunicación alternativo al resto de la clase (en el caso de que haya un plan para ello), pero ya mencionamos que los apoyos que tiene ese o esa docente son pocos. Para entonces, ya tenemos al niño o niña corriendo por la escuela, golpeándose o escapándose de allí. "Tiene un brote…", dice la directora al teléfono cuando llama a la familia. Él tiene un brote. Creo que sabemos cómo sigue la historia.
Aunque las cuestiones sensoriales también son un factor, la anticipación y la comunicación son lo primero que falla en una escuela. Y, por supuesto, como el niño o la niña tienen autismo, es lo que se espera que suceda. Porque, según dicen, "por su condición, no soportan un espacio escolar". El final, creo que todos lo conocemos. Las películas, las noticias, las historias en el sentido común de la gente, crean esta imagen de los niños o niñas con autismo como agresivos, disruptivos, imposible de comprender el lenguaje de otros, etc. etc.
¿Qué consejo puedo dar? Busca una escuela donde te digan: "Tu hijo estará bien aquí. Trabajaremos y le daremos lo mejor para que aprenda y esté con compañeros que lo incluyan, como lo haremos nosotros".
Alguien me dijo una vez: "Emilia, verás que tu hijo aún no ha comenzado la escuela, pero no dudes en cambiarlo cuando veas que los problemas se acumulan, porque esto significa que el modo de intervención propuesta o intervención de los profesionales docentes, no está funcionando".
Si un supervisor, directivo o docente, no asume el compromiso, garantizando los soportes necesarios para el docente dentro del aula, nos llenaremos de fracasos año tras año.
¿Hablo de escuelas comunes? No, hablo de todos los centros educativos. Nada está implícito. Debemos tener la firme confianza y tranquilidad de que los responsables de la educación de nuestros hijos lo expresen con claridad y compromiso, ya que esto significa que realmente harán mucho para que nuestros hijos aprendan, jueguen y se socialicen durante el tiempo escolar.
María Emilia Becerro
mamá de un peque con TEA
Psicopedagoga
Especialista en Autismo

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